Renier es la tercera generación de una familia de artistas plásticos cubanos. Desde pequeño jugaba con una bola de barro que su padre ponía en sus manos para poder trabajar. Así recreaba las formas que su primer maestro le dejaba como ejercicio.

Comenzó con la pintura, diseño cerámica; empezó a interesarle la procedencia de ciertos olores de los materiales con los que trabajaba. Los disolventes de los pigmentos al óleo, el aroma que desprendía el cuero cuando era pirograbado, el olor de la barbotina…

La escultura artística en maderas despertó su interés por las fragancias; la amargura del guayacán, el dulzor del cedro o el precioso aroma de la sabina le dieron la inspiración definitiva para sentirse atrapado por la magia de los perfumes y los deseos de experimentar. Una vez establecido en Europa fue cuando Renier pudo conocer de cerca grandes clásicos de la perfumería moderna.

En esos años fue cuando conoció al maestro perfumista Daniel Josier. Decidió crear su marca de perfumes y crear cada perfume inspirado en uno de sus cuadros. Incluso ir construyendo ambos simultáneamente. Las primeras fragancias de Renier son el resultado de sus pinceladas y la cooperación con el propio Daniel Josier.

«Hay gente que ve colores cuando huele la lluvia fresca o una flor. Hay personas que sienten el sol y el aroma de las flores cuando ven una obra del arte. Yo junto los dos placeres».

Renier

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